viernes, 13 de junio de 2014

Susana Cattaneo

"Soy feliz. Me han sacado el mundo" Héctor Viel Temperley
 "Una ancha muerte interminable y dulce"  Edna Pozzi

Nadan los muertos en caballos de fuego; hacen una ronda cercada con maderas que huelen a bosque.Comienza septiembre arrodillado frente a octubre y una fiesta de sortijas inunda los caminos.
Los muertos -los míos- , prometen que viviré en el regazo del misterio, que el pan estará tibio, que los inciensos anunciarán los ritos de la buenaventura.
Mis manos, ahora llenas de niebla y silencio, se anegarán de perlas consteladas.
Los muertos -mis muertos- con "una ancha muerte interminable y dulce" aguardan sentados a una mesa de manjares adornada con manteles de organdí.

Visiones de relámpago - Elizabeth Azcona Cranwell


Pierdo todos los días un nombre en mi jardín.
¿Qué hay del llamado de los muertos?
Pido que dispongas de mí.
Piensa que soy tu agua o la fruta del sol en tu avidez.
Quiero que me devores suavemente
como a una franca miel, como a una hostia envenenada.
¿Te alarman mis ausencias?
Escudriña en las flores, rasga la oscuridad.
Ese fulgor custodio es mi gran sed que te acompaña.
¿Nadie nombra cuando el saurio feroz de la inocencia
vuelve a la orilla enloquecido de humildad y de sed?
En lo que escribo un sentido se crea,
una presencia se destruye.
Canta si no sabes decir,
la palabra se armará solitaria
entre los cielos de tu boca.
La amazona de arcoiris y muerte se hundió de amor
en el lago sombrío.
Cada noche sin luna su caballo remonta una viudez de estrellas
para beber del agua que la abriga.
La vida, esa extraña vigilia en la que descansamos de la muerte.
Música, salud del alma

siempre es tu hora de nacer.

martes, 10 de junio de 2014

a un Dios vencido - Alejandro Drewes

Sorprendido en mitad de la vida
qué innúmera fuerza, qué sino
condujo una vez hasta aquí,
qué oscuro ajedrez torna opaco

lo amado en su día y perdido
y en plena noche huye
con qué veloces caballos huye.

Ya nada más queda
sino esta misma sombra
fiel, la del fruto pasado
que proyecta la flor
de su instante sobre la tierra.
Ebrio te lleven las aguas
allí donde nunca tus pies
soñaron llegar: Thalassa.

Y en tributo este canto
a un lejano dios  ya vencido.


Li Ch’ing Chao

El viento otoñal arrastra nubes blancas
 por el cielo. La hierba se vuelve
 marrón. Caen las hojas. Gansos salvajes
 vuelven hacia el Sur. Las últimas
 flores, orquídeas y crisantemos, relucen
 y exhalan su amargo perfume.
 Sueño con aquel hermoso rostro que nunca
 podré olvidar. Voy a dar un paseo por
 el río. La barcaza surca la corriente
 y corta las olas coronadas con
 crestas de plata. Suenan flautas y tambores
 y cantan los remeros. Me siento
 feliz un instante y después me embarga
 la antigua pena. Fui joven poco
 tiempo y ahora ya estoy envejeciendo.
 
 Ya ha amainado la suave brisa.
 El polvo perfumado se
 ha posado. Es el final de la época
 de las flores. Cae la tarde
 y la pereza no ha dejado peinarme
 en todo el día. Ahí están
 los artículos de tocador, pero mi
 esposo se ha ido para no
 volver. Cualquier esfuerzo sería
 en vano, cuando intento
 cantar, las lágrimas me ahogan.
 He soñado que mi barca
 de flores me llevaba hasta él, pero sé
 que un navío tan frágil no
 podrá cargar con tal peso de pena.


Li Ch’ing Chao (1084–1142), poema escrito a la muerte de su esposo:
Traducción de Carlos Manzano sobre la versión al inglés de Kenneth Rexroth, en:
El amor y el tiempo y su mudanza, Gadir, Traducción de Carlos Manzano, Madrid, 2006.


http://www.poesiadigital.es/index.php?cmd=critica&id=37

lunes, 9 de junio de 2014

Intermezzo, de Osvaldo Rossi


Hay un tránsito entre el golpe y la herida
una huella fugaz
una línea que se desvanece.
La frontera entre el viento de otoño
y una hoja que se resigna indefensa.

Es el tiempo entre el dolor y su lágrima
entre el sueño y las manos del orfebre.
Es un paisaje delgado, estremecido
la fisura de un reloj
que se pierde entre dos mundos.

A un lado están la tierra y la semilla.
Al otro
                el flujo interminable.


(de: “Unas ramas movidas por el viento”, Editorial Vinciguerra, Primer Premio SADE 2010)

A Federico García Lorca, de David Antonio Sorbille


En estos tiempos de la tierra  mía
tengo señales de antiguos despojos
y recuerdos que anudan imágenes
como piedras sobre piedras y lunas
campos encendidos en la inmensidad de la tarde
aromas de claveles y dispersos olivares
calles solitarias y amores irremediables
plazas desiertas y campanarios de sueños
gente y más gente abriendo paso
entre fusiles y banderas fugitivas
codo a codo en las trincheras perdidas
almas en pena que aturden a Granada
cuerpos que reemplazan a otros cuerpos
baladas que alumbran horizontes
convertidos en estrellas de madrugada
sangre de poeta sin fronteras
muerte que tu muerte me  desgarra
en estos tiempos de la tierra mía
arrodillados y en silencio
ante el mundo de ritmos y palabras
como una fuente de dolor que evoca
el eterno verso cuando tu nombre suena


(de "Las Huellas del Silencio", Ed. 3+1, 1999)

domingo, 8 de junio de 2014

que te haya visto

que te haya visto
ese dios
en el que creo

que te haya visto
atropellarme,
no Dios

ese dios que no pudo
limarle los brotes
sicóticos

a Dios,,,

en el patio de un poeta menor - Miguel Gaya


Ya pasaron por el cielo las aves
que migraron
al país feliz.
Ya los carros llevaron el grano
y se encendieron las fogatas
y en los campos vecinos
bailaron y brindaron
hasta que vino el día y
¿cuál fue tu cosecha
este año?

Ronda la casa un viento silencioso.
Algo que se lleva de puntillas
los papeles rotos y las cenizas
que dejaste en el patio.

Apenas un momento
algunos restos temblarán en los rincones
que los retuvieron y luego
nada serán
en el aire
se habrán ido.

Los sueños tuyos tienen el peso
de esas formas
que un momento apenas
se elevaron
y luego
como el sol de otoño en la ventana
no estuvieron más.

¿Y adónde te has ido
hoy?

¿Cuál fue tu cosecha?

domingo, 25 de mayo de 2014

Susana cattaneo

Anoche la luna brillaba como si un dios la hubiera pincelado con su luz.
El cielo no tenía fin y brillaban en él ojos de muertos queridos.
El eucalipto gozaba de las sombras y mis pájaros-en ese momento invisibles- soñaban con la eternidad.
Ahora, cuando todo nace, el follaje refleja el amarillo; otra vez el piar, una tenue brisa y el vigor de la savia en las venas de todos.

En el revés de la vida hay algo que enamora.

Oliverio Girondo


Me asomo a los ladridos
¡Qué hace este árbol despierto?
Las sombras no se apartan,
se aprietan a sus cuerpos.
No me agrada esta calma,
este silencio muerto,
sin carne,
puro hueso.
A través de la veta, mineral de una nube,
aparece la luna.
Ya me lo sospechaba.
¿Qué hacer?
La miro.
       Quiero ulular.

                  No puedo.

lunes, 19 de mayo de 2014

La mentira que sana, de Graciela Bucci


“… cada palabra dice lo que dice y además más, y otra cosa.”
Alejandra Pizarnik


por qué el ruido para decir verdades

por qué el ocultamiento de la mano del ruido

por qué mirar si es ver el hueco

y simular que el hueco cobija incertidumbres

por qué dejarnos violar por la injusticia

hacerle el amor a la blasfemia

por qué ocupar espacios con censuras

vestir palabras de piratas

arañarles la cara

cavar un foso para esconder las sílabas

si en verdad lo que sana

es la mentira.


(de "Un orden diferente", Ed. Del Dock, 2005)

viernes, 9 de mayo de 2014

Armando Tejada Gómez, de David Antonio Sorbille


A Gloriana Tejada



Es cierto que nunca te fuiste
sólo tomaste de prestado
el último peldaño que lleva al cielo
y ahora caminas de nuevo entre nosotros
alterando el orden de lo injusto
silbando la canción del alma libre
haciendo que la pausa de nuestra furia cotidiana
se transforme en ternura
y entonces atrevernos a rescatar la flor
que tu poesía nos legó
porque si un verso dice lo que somos
se debe a que la semilla tuvo el destino final
de los que como tú abrieron las puertas de la vida
y llevan un niño en la mirada

(de "El Fusil de Trigo", Enigma Editores, 2013)

sábado, 3 de mayo de 2014

a Elena en su ruta de dolor - Irene Marks

                                                                            a la poeta Elena Eyheremendy

En carne viva está la noche
suenan lágrimas estelares
cuando Elena inicia
el descenso a los infiernos
Porque el dolor se abisma
remontarlo
tiene muy alto precio
Lloran tangos los pianos
y pesa
la ternura infinita
de los lobos
que hieren
a su pesar.
Sin embargo,
 aman amarán amarían
como el vampiro
al que se ofrece el cuello
dulcemente
y el funámbulo
a quien Elena abriga
dentro del corazón
(En el sótano
 hay una bruja antigua
que avanza
con palabras hirientes)
Esta noche caen
sobre su mirada
rosas
de suavísimos pétalos
Lo que una vez fue luz
se convierte en espinas
en las manos del tiempo
Elena toca fondo
y se abandona
al aullido del lobo.          

Los ojos de Rimbaud - Jorge Smerling


Son amarillos los ojos alucinantes de Rimbaud.
Allí los ejércitos derrumban a fuego de horizonte
un cielo inesperado
y abren la carne de todo lo posible.
Yo los miro y veo tumbas de sol y fiebre en sus párpados
como un rodar en las aguas solitarias
en los radiantes secretos de una flor enterrada.
Quisiera arrancar ese color amarillo
pero ilumina mis noches con un ardor de libres panteras
traspasadas por una cúpula de iglesia
donde todo se incendia
donde todo camina en sus propios bordes de afilados vidrios.
Y es inevitable cerrar los ojos.
Una tormenta de rayos nos empuja a las vibraciones del abismo
el que en los levantados edificios crece
como una ensoñación de vértigos
como el exasperado paraje de las moléculas rotas.
Son amarillos los ojos alucinantes de Rimbaud.
Y a ellos caigo como a un aljibe de bruscas galerías
y desde allí observo este mundo
que prefiero pronunciar desde el infierno
donde los fuegos increíbles merecen esta pobre eternidad
                                                                    amarilla:
un abrir y cerrar los ojos deliberadamente.

de Revista Empresa Poética, Año 1-Nro 1, 1984, Buenos Aires

jueves, 1 de mayo de 2014

oír - Alberto Luis Ponzo


Se sabe oír
el giro que atraviesa
                 el cosmos
el choque de la voz
 contra la piel

Solamente
         se sabe callar
delante del agotamiento
                    del silencio
al caer de las máscaras
de la realidad

Se sabe recoger del vacío
 blandos olvidos
que las manos estrujan
                       con dolor.


Susana Cattaneo

¡Quién es ese hombre
que me observa desde otro país?
Que tiene trincheras detrás de los ojos,
de quién no sé si aún lleva barba
y el pecho a la intemperie.
Tampoco si tiene despoblado
aquel rostro de cenizas.
Él me contempla escondido en el tiempo.
Desde aquellos domingos que lloramos juntos.
Desde el universo de viejos otoños.
¿Quién es ahora, ese hombre
que juntó hace siglos su soledad con la mía?
Que compartió angustias, el dolor, palabras.
¿Dónde está? ¿Dónde con sus huesos?

En algún rincón de su tristeza
debe estar buscándome.

A pesar de todo.

miércoles, 30 de abril de 2014

Poemas egipcios – Isabel Krisch

1

ha de impartir presencia el faraón
aún en su recinto silencioso
mientras gira se despereza
escarba el aire
y la pirámide cruje

siempre inmortal
en proceso
palabra y voz
la memoria en proceso
y una intriga ahogada
entre las pardas nubes
de arena

altivo se levanta
y busca los órganos
en cada vasija de barro
para recuperar/recuperarse

fue visible ante el dios de los muertos
aquel que le hubo pesado el corazón
mientras es ahora él quien juzga
porque nada se olvida
ni aún envuelto entre pliegues
de una pesadilla densa
y oscura

andará rondando por resquicios
inescrutables
munido de un silencio oprobioso
hasta vindicar el ultraje
y será invisible a los ojos de los vivos
porque ellos lo prefieren eterno
descansando
en su trampa de piedra



…………………………………………………………



2

sin embargo
es una figura
una presencia oculta en el sarcófago todavía
con los surcos de su rostro
profundizados
y sobre el esqueleto
el lino del lienzo
pegado adherido
grabado casi en la reseca piel
porque es tanto el tiempo que ha pasado
tanto el letargo
el silencio tanto
que enhiesta aún se halla
la cobra en la corona
y se agita y brilla
y provoca
el estallido de la luz
en su mirada

sus pies de oro pisan los nueve arcos
la mano sujeta el cetro
y el poder de Amón ya no descansa
en la diorita negra


…………………………………………………….


3

silencioso y taciturno inicia
el paseo del alma por las constelaciones de alabastro
portando el destino no cumplido antes
el destino escrito
en láminas de papiro maduro

los dioses le hicieron perpetua la espera
disfrazados de insomnio
custodiándolo en desvelo
en vigilia guardando sus rastros

deambula entonces el alma
en ese país donde se juntan los prodigios
donde hay millones de regresos
en ese  espacio sutil
en esa grieta imperceptible
en la zona donde sólo los milagros 
en ese rinconcito 
resquicio posible donde
tal vez un nacimiento ético

la historia le comienza a devolver
su albergue su geometría
y la posibilidad del encuentro

hay otras momias que zumban
murmuran rescatan en jirones sus pieles
que han tapizado por miles de años
el desierto
son las voces de ciegas criaturas
que migran a tientas
sus almas peregrinas en busca
de una respuesta



Néstor Cheb Térraba



a partir de cuando
el pájaro comió las alas
cortadas en la noche
y corrió hacia su nido
ocupado
por pensamientos minimalistas
para enjaular la sombra
que marte dibuja
en la tierra

hombres miniatura
salen de la boya
oxidada por esconderse
para restaurar

donde un abandonado lugar
da señales
perdió una pluma a manos
de un intencionado viento
en el blanco emitía sonidos suaves
la tristeza de un hombre
sin respuestas
al ceder la sombra
la usó para escribir
cada palabra
corrió cual flecha
al sonido que había
soñado
de noche extrañaba
el aleteo previo

boyas miniatura
como cristales
se mecen

…………………………………………………………

la mujer calva camina
distraída
parece retroceder
hacia su rostro
toma el violín desnuda
la sonrisa esconde
interludios
de un sacro blando
vulnerable
es eso que se oculta
del ridículo
en la lágrima
flores de cerezo
a la entrada del volcán
lava mercúrica en esferas
(quedarse es aprender
lo tácito)

en lo más pequeño
refugia lo que crecerá

su belleza derrama
un gesto en la penuria
dos beduinas vestidas de negro
collares y pulseras
colores y movimientos suaves
en las manos
en cuclillas una mujer dando a luz
frente a un espejo sostenido por niños
en caos crepuscular

tiene ojos animée
su respiración psíquica gotea
se recuesta en la orilla
al vaivén de los líquidos
(cuando encuentre su boya
amará el ámbar)

el secreto son las víboras
su atracción desmesurada
la parálisis a pesar
de los cristales
la transformación otorga
protagónisis
a las apariencias
escucha con su nariz los minerales
un escorpión camina por sus senos
en el descanso de la marea
sonríe mientras duerme
para verse a través

el violín mojado atesora
huellas
perlas que brillan
al acercarse al entierro
de las miradas
al alcance de su mano
la matriz
de la seducción
una parte del cuerpo
en el agua
las piernas palpitan
la tortuga descabezada arriba
mientras desaparece

la huella en la nieve
surgida de  la nada
lleva medias negras
los felinos oscurecen
la lluvia
entre objetos oxidados
emerge luz de su boca
líquido amniótico
su ojo quieto les habla en japonés
el nombre posee los secretos
de la contemplación
persistentes al odio
al sexo a la muerte tal vez
no quiere que la vean
tan pura
o no
quiere
serlo (6)

(6) poema titulado “de nombre sonomama”; en sánscrito, “tathata” o “kono mama” en japonés: uno no hace nada, no piensa nada, simplemente “es”. Uno simplemente “es”.


……………………………………………………………………

te llamaría barcelona
te pintaría de tormenta
si encontrara tus ojos invertidos
imantados de púrpura dolor
pediría clemencia
asustado por la brevedad
de tu nombre
barcelona daría tiempo
a los sentidos
con luz de luna
en noche de penumbra
te imaginaría en el desierto
de espaldas
montando el caballo color monje
huyendo entre las dunas
del presente
te llamaría
si me sale la voz
por tu nombre

de Sonomana





domingo, 27 de abril de 2014

Susana Cattaneo

Escribo el invierno
           mientras la que vigila
    atrapa noches y serpientes.
Protegida de mí
       dessiembro palabras
 `por escondrijos y ciénagas.
Entre puertas de lata
             y sueños de adoquines
un ladrido perrea
       sobre calles extenuadas.
En un octubre de mármol
                             y eternidad
se incendió mi morada
                       con fuegos de artificio.
La espera nació así
                     con luces,
                          colores, aventuras.
Apuñala el invierno,
                        todavía.
            Escribo en sus hojas.
                 en su vientre vacío de soles.
Un ladrido perrea y perrea.
                               Incansable,
                                         el camino se marca.


 Escribo el invierno.

Edna Pozzi


Maduro un oficio tan íntimo
que sólo es posible transmitirlo
con la boca en el pecho del otro.

Un oficio tan delgado
que se le oye crujir por las noches.
Crece la hierba sobre nosotros
los muertos
y avanzan los pájaros grandes lagunas
de tristeza.

Maduro un oficio tan final
que sólo es posible para los dioses
y las piedras.
En esta tremenda dignidad

no hay colaboración posible con la vida.

visiones del valle del silencio - Irene Marks

Escribo una carta donde comienza el sur.
Ya no regresaré. Es medianoche.
Por eso anoto aquí las primeras señales del camino.
Había un pino y un álamo y una senda muy blanca contra el verde.
Después llegó el rostro marrón y enjoyado del toro.
Había burbujas en su curtida superficie brillosa
y un anillo
para pasar al otro lado.
Ah no tengas miedo ahora que ya no se regresa.
Estalla el rosado violento contra azul de meteoros,
 y   pájaros geométricos sobre muy blancos árboles
 y  arcos de luna extendidos en horizontes índigo..
Violento es el azul como una llamarada que asoma
 tras los troncos que crepitan
Este es otro Universo donde los pájaros cambian nuevamente de
 formas,
ahora son blancos con las alas moteadas de las mariposas,
y sus cuerpos rosa furioso.
Extínguete en la luz:
Cuando cierras los ojos ya no hay sombra
sino haces amarillos
que se tornan difusos.
Y el  Sol ha entrado en ti hasta el último sueño.
No hay regreso
después de atravesar el Mar de Pasto.


de Origen, 2009, Buenos Aires, ediciones Patagonia

la muchacha del colectivo - José Martinez Bargiela


El cabello suelto,
vivo,
tensa la sensibilidad.
Por algún motivo de mujer
trastorna la piel
y los sentidos.
Inicia el lenguaje telepático
a través del hilo sensor
de la anécdota,
el recorrido al corazón,
al habla activa:
acelera los latidos,
el acertijo,
y un llamado al encuentro,

es el cosmos mágico
de una cuerda de reloj,
la conexión invisible,
la relación entre dos seres
al silencio concertado
de una inédita partitura.

de Nudos de sombra, 2006, Buenos Aires, ediciones La Luna que

sábado, 26 de abril de 2014

estigma - alicia b. pastore

 a Graciela Wencelblat                                                                                                         

Te veo ahí
surcando la piel de mi palabra,

alcanzándome una linea sutil
desde tu indicio
hasta el poema que me habita,

sombra que del revés
me exige
los aullidos de la loba,

vientre parturiento tu rescoldo,
me crece la estirpe

donde cotidiana me convocas.

Graciela Wencelblat


Campanas ahuecando lluvia.
Brillan dátiles
en el pubis arrogante.

Desde el desierto hasta el tajo de Lisboa
una mujer descubre que la búsqueda es una.

En el ojal del tiempo
la ternura

su corazón.

último poema publicado por Graciela el 05 de diciembre de 2013

padre en la escalera - Roxana Palacios


en otoño trepaba su escalera de pintor con una tijera de podar sobre la espalda,
los cuadros de la camisa rozaban el metal y la madera, se movían en círculos mientras mi padre,
como un gato, cubría uno a uno los escalones oblicuos, sables como tallos los hierros que terminaban en cuña
al llegar arriba enderezaba la tijera y empezaba a cortar, para tener mejor sombra en el verano, decía
las hiedras no son verdes durante el otoño, no hay orugas ni flores en los canteros, no obstante mi padre amontonaba gran cantidad de hojas que dejaba secar en el fondo del jardín
lo que venía después era un ritual, me gustaba el olor a humo de la ceremonia
anoche, alguien cortó una enredadera y la dejó junto a una columna de piedra
en la casa nueva
la casa nueva será más pequeña que la anterior, ni orugas ni flores en otoño,
hojas para la ceremonia en el fondo del jardín


(casa que ves caminar / the house you see walking, Ed. Del Dock, 2008)

Entre la noche y el sonido de las cosas - David Antonio Sorbille

                                                                                  A “La verdad se mueve”de Javier Adúriz (2008)

Entre la noche y el sonido de las cosas
las palabras se reúnen
bajo el techo de una bruma imaginaria
que nos arroja un anzuelo para discutir
el absurdo de los egos indolentes
el mar de la esperanza
el pulso de las horas
los pedazos de la patria
los últimos jazmines de la casa ausente
la balada del amor detrás de los árboles
el abismo de la materia
el pan de la mañana
la sorpresa
de un grito más tierno
para llenar el vacío
esa forma de heredar los simples gestos
agradecer al tiempo una amistad que crece
y un poeta que encarna a todos los poetas
porque de alguna manera somos
una verdad que se mueve



(Un puente de voces, Enigma Editores, 2012)

viernes, 25 de abril de 2014

Emma de Cartosio


Iba sola y se servía un steak con papas fritas
una fruta quizás pan, y se sentaba junto a la pared
o la vidriera porque iba temprano o muy tarde.
Una mañana llegó con la multitud; su bandeja
tropezaba con gestos actitudes movimientos
y tal vez para huir de sí misma se sirvió nada
sentándose a contemplar sus árboles de Cluny.
Un camarero y la señorita de los tickets
la echaron entre las risas contenidas
de la gente que come comida sin árboles
que bebe sin otoño, que ama sin amor.

Hicieron bien.

Emma de Cartosio (Entre Ríos 1928-Bs As.2013)


jueves, 24 de abril de 2014

Omar Argañaraz

I

Es cierto que hay un tiempo
cuando todo es pasado.

Pero te vi.
Tu eternidad temprana
abolió mis certezas y mis horas.


II

Oyendo tu palabra,
no puedo sino amarla, desear la fuente.

Junto con mis razones
se acrecienta la red de tu silencio.
Y mis voces se van.
Y yo me quedo.

III

No tu mentira de ángel de la sombra:
demonio luminoso,
tu verdad me arrastra

y tu flor en las órbitas del vino,
fuego.


IV

Después de tu partida,
comenzó a ser el tiempo.

Y en la ausencia que insiste
reconozco tu ausencia.


V

He olvidado tus ojos
y son tus muslos hierba del olvido:

solo a Vos te recuerdo.


Omar  Argañaraz (La Plata)

Virginia Segret Mouro

Tocáme un tango, Taio.
Un tango desconocido.
Una provocación inquietante.

Todo acorde tuyo desgarra
las amapolas desdeñosas de la intemperie.

Tocáme un tango, Taio.
Un tango imposible.
Un tango de sudestada en el río.
Una inundación incesante
que encrespe el límite vacilante
entre la piel de la noche
y el tuétano sangrante de los vinos.

Traéme acá tu bandoneón temblón,
que nos va de trinchera
la noche y sus lagartos y vigías.

Llenáme de aluvión de tango, Taio.
Tu música,
en el embrujo de esta noche
descampadamente azul,
tatuada con sus propias estrellas.

Para esa mirada que deshila
la penumbra insolente,
tango.
Para tanta extrañeza poseída
por el privilegio del secreto,
tango.
Para esta trashumante
acodada al filo del iris de su gato,
el temblor de ese beso.

El temblor de tu fueye adolescente, Taio.

Virginia Segret Mouro


Del libro, Con bandoneón, Ediciones Tenía Razón el Malón, 2008

lunes, 21 de abril de 2014

Susana Cattaneo

Fue como entrar a los cristales, a los rubíes, a la transparencia de una ciudad sumergida. Sus ojos encendían el invierno y las migraciones del pasado.
Iluminados secretos de laberintos eran carruseles  de infancia y alegría.
   La sombra se fue diluyendo cada vez más . La sonrisa se expresó con perfumes de hierbas. Su paso se hizo más seguro y los colores prendieron raíces en el Descontento para que no vuelva.

   Y fue el Paraíso. Y fue el Movimiento. Y la Felicidad fue.

domingo, 20 de abril de 2014

son las cuatro y la noche - Carlos Carioli

                            

son las cuatro y la noche, y la luna al mediodía, y el ruido de los autos, y son las nubes las que dicen, y los perros en el árbol, y los ciegos en la esquina, son las cinco y la tarde, y la calle caminada, y tu cara borrosa, y son los pasos los que callan, y las hojas en el árbol, y los ciegos en la esquina, son las palabras y el viento, tus párpados y mi sombra, los que a las cuatro al mediodía nuban el ruido de los autos que dicen perros, en la esquina del árbol de los ciegos, y a la tarde de las cinco, caminada tu cara borrosa de la calle, callan en el árbol las hojas de tus pasos, y las palabras en lo ciego de la esquina de tu boca, y el viento de tus ojos en los labios de la sombra nuban las cuatro al mediodía y el ruido de los perros y el silencio de los autos, y en la esquina de los árboles de la tarde a las cinco de los ciegos borran tu cara caminada de la calle y pasan en el árbol las hojas de tus palabras.

Carlos Carioli de “Heridas y vueltas” (textosintrusos, 2013)

la muerte y la niña - Eugenio Polisky

la muerte y la niña
                                                                                                                    a Alejandra Pizarnik

dentro de la niña
la muñeca juega
                                 con la luna
                                 con la palabra muerte


falta la noche
la noche de la niña
una luna que juega a la muerte de la noche

la muerte es sólo una palabra
como niña
como luna
como la palabra palabra

                                                        o lenguaje

                                                                                            o locura

y si una niña juega con el lenguaje
no es locura
ni es niña
sino muñeca
una muñeca con cara de luna que juega a la muerte de la niña

o de la palabra


de todas las palabras del palacio
el palacio de la luna donde no hay palabras


                     sólo muerte




                                                                                la muerte de la palabra




                     de la palabra muerte


eugenio polisky de “silencio en la nada luz” (textosintrusos, 2013)

cascanueces - Susana Cattaneo

Zapatillas de baile
            detrás del cortinado.
Zapatillas rosas.
       Cuerpos invisibles.
Los cisnes arrasan
                 la memoria del músico.
Piotr Ilich inhala
         un poco de frappè
Los flashes se encienden.
           un coro de vida

                    alumbra el espectáculo